Sep 222018
 

vāyur anilam amṛtam
athedaṁ bhasmāntaṁ śarīram
oṁ krato smara kṛtaṁ smara
krato smara kṛtaṁ smara
Palabra por palabra:
vāyuḥ — el aire vital; anilam — la reserva total de aire; amṛtam — indestructible; atha — ahora; idam — este; bhasmāntam — después de ser reducido a cenizas; śariram — cuerpo; om — ¡oh Señor!; krato — el disfrutador de todos los sacrificios; smara — por favor recuerda; kṛtam — todo lo que he hecho; smara — por favor recuerda; krato — el beneficiario supremo; smara — por favor recuerda; kṛtam — todo lo que he hecho para Tí; smara — por favor recuerda.
Traducción:
Que este cuerpo temporal sea reducido a cenizas, y que el aire vital se funda con la totalidad del aire. Ahora, ¡oh, mi Señor!, recuerda por favor todos mis sacrificios, y debido a que eres el beneficiario último, por favor recuerda todo lo que he hecho para Ti.
Significado:
Este cuerpo material y temporal es ciertamente un vestido ajeno. En El Bhagavad-gītā (2.13,18,30) se dice claramente que la entidad viviente no es aniquilada después de la destrucción del cuerpo material ni tampoco pierde su identidad. Su identidad nunca es ni impersonal ni carente de forma; al contrario, es el vestido material lo que carece de forma y lo que desarrolla una forma según la forma de la persona indestructible. Ninguna entidad viviente carece originalmente de forma, tal como piensan erróneamente los que tienen una poca reserva de conocimiento. Este mantra verifica el hecho de que la entidad viviente existe después de que el cuerpo material es aniquilado.

En el mundo material, la naturaleza material exhibe una destreza maravillosa creando diferentes variedades de cuerpos para los seres vivientes, de acuerdo con la propensión que tengan a satisfacer sus sentidos. La entidad viviente que quiere saborear el excremento recibe un cuerpo material perfectamente adecuado para comerlo: el de un cerdo. En forma similar, alguien que desea comer carne recibe el cuerpo de un tigre con el cual puede vivir disfrutando la sangre de otros animales y comiendo su carne. Siendo la forma de sus dientes diferente, el ser humano no está hecho para comer excremento o carne, ni tiene deseo alguno de saborear el excremento, ni siquiera en su etapa más aborigen. Los dientes humanos están hechos de manera que puedan masticar y cortar frutas y verduras, y también hay dos colmillos para que se pueda comer carne.

Los cuerpos materiales de todos los animales y hombres son ajenos a la entidad viviente. Ellos cambian según el deseo que tenga la entidad viviente de satisfacer sus sentidos. En el ciclo de la evolución, la entidad viviente muda de cuerpos uno tras otro. Cuando el mundo estaba lleno de agua la entidad viviente aceptó una forma acuática. Luego pasó de la vida vegetal a la vida de un gusano, de ahí a la de un ave, de ahí a la de una bestia y de ahí a la forma humana. La forma más evolucionada es aquella forma humana que puede comprender completamente el conocimiento espiritual. En este mantra se describe la comprensión espiritual más evolucionada alcanzable: se debe abandonar este cuerpo material, el cual será reducido a cenizas, y permitir que el aire vital se funda con la reserva eterna de aire. El ser viviente lleva a cabo sus actividades dentro del cuerpo a través de los movimientos de diferentes clases de aires, conocidos en resumen con el nombre de prāṇa-vāyu. Los yogīs generalmente aprenden a controlar los aires del cuerpo. El alma debe subir de un círculo de aire al otro hasta llegar al brahma-randhra, el círculo más elevado. De ahí el yogī perfecto puede trasladarse a cualquier planeta que desee. El proceso consiste en dejar un cuerpo material y entrar en otro; pero sólo es posible alcanzar la perfección más elevada de esos cambios cuando la entidad viviente es capaz de abandonar por completo el cuerpo material, tal como se sugiere en este mantra. Entonces uno puede entrar en la atmósfera espiritual y allí desarrollar un tipo de cuerpo totalmente diferente – un cuerpo espiritual que nunca tiene que enfrentarse ni a la muerte ni a los cambios.

En el mundo material la naturaleza material lo fuerza a uno a mudar de cuerpos debido a los diferentes deseos que tenga de satisfacer sus sentidos. Estos deseos se representan en las diversas especies de vida, empezando por los gérmenes hasta los cuerpos materiales más perfectos: los de Brahmā y los semidioses. Todas estas entidades vivientes tienen cuerpos compuestos de materia moldeada en diferentes formas. El hombre inteligente ve la unidad, no en la diversidad de cuerpos, sino en la identidad espiritual. La chispa espiritual que es parte integral del Señor Supremo es la misma, no importa que se encuentre en el cuerpo de un cerdo o en el de un semidiós. La entidad viviente asume diferentes cuerpos según sus actividades piadosas y viciosas. El cuerpo humano es muy evolucionado y tiene plena conciencia. Según las Escrituras védicas, el hombre más perfecto se entrega al Señor después de llevar muchísimas vidas cultivando el conocimiento. El cultivo del conocimiento sólo llega a su perfección cuando el conocedor logra entregarse al Señor Supremo, Vāsudeva.

Sin embargo, si uno no logra saber que las entidades vivientes son partes integrales eternas de la totalidad, y que nunca se pueden volver la totalidad misma, tiene que caer de nuevo a la atmósfera material, aunque haya alcanzado conocimiento sobre su propia identidad espiritual. Uno en realidad tendrá que caerse aunque se haya vuelto uno con el brahmajyoti.

El brahmajyoti que emana del cuerpo trascendental del Señor está lleno de chispas espirituales que son entidades individuales que comprenden plenamente su propia existencia. A veces estas entidades vivientes quieren volverse disfrutadoras de los sentidos, y por lo tanto son puestas en el mundo material para que se vuelvan unos falsos señores bajo el dictado de los sentidos. La enfermedad material de la entidad viviente consiste en su deseo de ser el Señor, ya que bajo el hechizo del disfrute de los sentidos transmigra por los diversos cuerpos que se manifiestan en el mundo material. El volverse uno con el brahmajyoti no es representativo de un conocimiento maduro. Sólo es posible alcanzar la etapa más elevada de la perfección al entregarse completamente al Señor y desarrollar la conciencia de servicio espiritual.

La entidad viviente ruega en este mantra entrar en el reino espiritual de Dios después de abandonar su cuerpo material y el aire material. El devoto le implora al Señor que recuerde sus actividades y sacrificios antes de que su cuerpo material se reduzca a cenizas. Esta oración se hace en el momento de la muerte, teniendo plena conciencia de los actos hechos en el pasado y también de la meta final. Alguien que se encuentra completamente bajo el control de la naturaleza material, recuerda las nefastas actividades que ejecutó mientras existía su cuerpo material, y en consecuencia recibe otro cuerpo material después de la muerte. El Bhagavad-gītā (8.6) confirma esta verdad:

yaṁ yaṁ vāpi smaran bhāvaṁ
tyajaty ante kalevaram
taṁ tam evaiti kaunteya
sadā tad-bhāva-bhāvitaḥ

“Uno alcanzará sin falta cualquier estado de existencia que recuerde al abandonar su cuerpo”. Así pues, la mente transporta las propensiones del animal moribundo a la siguiente vida.

A diferencia de los simples animales que no poseen una mente desarrollada, el ser humano puede recordar las actividades que ocurrieron en su vida que finaliza, como sueños en la noche; por eso su mente permanece sobrecargada de deseos materiales, y en consecuencia él no puede entrar en el reino espiritual con un cuerpo espiritual. Sin embargo, los devotos desarrollan un sentido de amor a Dios al practicar el servicio devocional al Señor. Incluso si el devoto no recuerda, en el momento de la muerte su servicio divino, el Señor no se olvida de él. Se presenta esta oración para recordarle al Señor acerca de los sacrificios del devoto, pero aunque no ocurra ese recordatorio, el Señor no olvida el servicio devocional ejecutado por Su devoto puro.

El Señor describe claramente en El Bhagavad-gītā (9.30-34) la relación íntima que tiene con Sus devotos: “Incluso si alguien comete las acciones más abominables, si está consagrado al servicio devocional, se le debe considerar un santo, pues está debidamente situado. Prontamente él se torna virtuoso y alcanza la paz perdurable. ¡Oh, hijo de Kuntī!, declara osadamente que Mi devoto jamás perece. ¡Oh, hijo de Pthā!, aquellos que se refugian en Mí, aunque sean de un nacimiento inferior – mujeres, vaiśyas [mercaderes], así como también los śūdras [obreros] – pueden acercarse al destino supremo. ¡Cuánto más grandes son entonces los brāhmaṇas, los virtuosos, los devotos y los reyes santos que en este miserable mundo temporal están activos en el amoroso servicio a Mí! Ocupa siempre tu mente en pensar en Mí y conviértete en Mi devoto, ofréceme reverencias y adórame. Estando completamente absorto en Mí, ciertamente vendrás a Mí”.

Śrīla Bhaktivinoda hākura explica estos versos de la siguiente manera: “Se debe aceptar al devoto que se encuentra en el sendero correcto de los santos, aunque ese devoto parezca tener un dudoso carácter moral. Se debe tratar de entender el verdadero significado de la expresión ‘un dudoso carácter moral’. El alma condicionada debe obrar con dos funciones, a saber: la manutención del cuerpo y también la autorrealización. Para la manutención del cuerpo están la posición social, el desarrollo mental, la limpieza, la austeridad, la alimentación, y la lucha por la existencia. La sección de atividades dedicadas a la autorrealización se cumple cuando uno se ocupa como devoto del Señor, y también lleva a cabo actividades en relación con eso. Estas dos actividades diferentes son paralelas entre sí, ya que el alma condicionada no puede dejar de mantener su cuerpo. Sin embargo, la cantidad de actividades para el mantenimiento del cuerpo disminuye en proporción al incremento del servicio devocional. Mientras la proporción de servicio devocional no llegue al punto indicado, existe la posibilidad de una exhibición ocasional de mundanalidad, pero se debe advertir que tal mundanalidad no puede continuar por mucho tiempo porque, por la gracia de Dios, tales imperfecciones terminarán muy pronto. Por eso, el sendero del servicio devocional es el único sendero correcto. Cuando uno se encuentra en el sendero correcto, incluso un incidente mundano ocasional no obstaculiza su avance hacia la autorrealización”.

A los impersonalistas se les niegan las facilidades del servicio devocional pues están apegados al aspecto brahmajyoti del Señor. Como se sugirió en los mantras anteriores, ellos no pueden penetrar el brahmajyoti porque no creen en la Personalidad de Dios. Su interés principal radica en la semántica, el juego de palabras, y las creaciones mentales. Como consecuencia, los impersonalistas prosiguen una actividad estéril, tal como se confirma en el Capítulo Doce de El Bhagavad-gītā (12.5).

Es posible recibir sin dificultad todas las facilidades sugeridas en este mantra si uno se mantiene en constante contacto con el aspecto personal de la Verdad Absoluta. El servicio devocional al Señor consiste esencialmente en nueve actividades trascendentales que ejecuta el devoto: (1) oír acerca del Señor, (2) glorificar al Señor, (3) recordar al Señor, (4) servir a los pies de loto del Señor, (5) adorar al Señor, (6) ofrecer oraciones al Señor, (7) servir al Señor, (8) disfrutar de la amistosa compañía del Señor, (9) entregarle todo al Señor. Estos nueve principios del servicio devocional – tomados todos o uno por uno – pueden ayudarle al devoto a permanecer constantemente en contacto con Dios. De esta manera es fácil que recuerde al Señor al final de su vida. Los siguientes devotos célebres del Señor alcanzaron la perfección más elevada al adoptar solamente uno de estos nueve principios: (1) Mahārāja Parkṣit, el héroe de El Śrīmad-Bhāgavatam, alcanzó el resultado deseado por oír. (2) Śukadeva Gosvāmī, el orador de El Śrīmad-Bhāgavatam, alcanzó la perfección por sólo glorificar al Señor. (3) Akrra alcanzó el resultado deseado por orar. (4) Prahlāda Mahārāja alcanzó el resultado deseado por recordar. (5) Pthu Mahārāja alcanzó la perfección por adorar. (6) La diosa de la fortuna Lakṣm alcanzó la perfección sirviendo a los pies de loto del Señor. (7) Hanumān alcanzó el resultado deseado por prestar servicio personal al Señor. (8) Arjuna alcanzó el resultado deseado a través de su amistad con el Señor. (9) Mahārāja Bali alcanzó el resultado deseado por entregar todo lo que tenía.

En realidad, la explicación sobre este mantra y sobre prácticamente todos los mantras de los himnos védicos se encuentra resumida en los Vedānta-sūtras, y expuesta correctamente en El Śrīmad-Bhāgavatam. El Śrīmad-Bhāgavatam es el fruto maduro del árbol de la sabiduría védica. Este mantra particular es explicado en El Śrīmad-Bhāgavatam, en las preguntas y respuestas que sostuvieron Mahārāja Parkṣit y Śukadeva Gosvāmī al mismo principio de su encuentro. Oír y cantar sobre la ciencia de Dios es el principio básico de la vida devocional. Śukadeva Gosvāmī cantó El Śrīmad-Bhāgavatam y Mahārāja Parkṣit lo oyó todo. Mahārāja Parkṣit hizo preguntas a Śukadeva porque éste era un maestro espiritual superior a cualquier gran yogī o trascendentalista de su época.

La pregunta principal de Mahārāja Parkṣit fue: “¿Cuál es el deber de todos los hombres, específicamente en el momento de la muerte?”. Śukadeva Gosvāmī le contestó:

tasmād bhārata sarvātmā
bhagavān īśvaro hariḥ
śrotavyaḥ kīrtitavyaś ca
smartavyaś cecchatābhayam

“Todo aquel que desee liberarse de todas las ansiedades, siempre debe oír sobre, glorificar y recordar a la Personalidad de Dios, quien es el director supremo de todo lo que hay, el extintor de todas las dificultades, y la Superalma de todas las entidades vivientes” (Bhāg. 2.1.5).

La así llamada sociedad humana dedica generalmente la noche a dormir y a tener vida sexual, y el día a ganar lo más que pueda, y si no, a hacer compras para el mantenimiento familiar. La gente tiene muy poco tiempo para hablar acerca de la Personalidad de Dios o indagar acerca de Él. Ellos han descartado la existencia de Dios de muchas maneras, principalmente declarando que Él es impersonal, es decir, incapaz de percibir con sentidos. Sin embargo, en la literatura védica – bien sea en los Upaniṣads, los Vedānta-sūtras, El Bhagavad-gītā o en El Śrīmad-Bhāgavatam – se declara que el Señor es un ser consciente y tiene supremacía sobre las demás entidades vivientes. Sus gloriosas actividades son idénticas a Él. Por lo tanto, uno no debe entregarse a oír y hablar sobre las actividades de los políticos mundanos y los llamados grandes hombres de la sociedad – actividades que son como basura – sino que debe amoldar su vida de manera que pueda dedicarse a actividades divinas sin perder ni un segundo. El Śrī Īśopaniṣad nos orienta hacia tales actividades divinas.

A menos que uno se acostumbre a las prácticas devocionales, ¿qué recordará en el momento de la muerte cuando el cuerpo se halle trastornado?, y ¿cómo podrá orarle al Señor Todopoderoso para que recuerde sus sacrificios? Sacrificio significa negar el interés de los sentidos. Hay que aprender este arte usando los sentidos en el servicio del Señor durante la vida. Uno puede utilizar los resultados de esa práctica en el momento de la muerte.

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